El creciente interés de los argentinos por invertir, instalar negocios o radicarse en Uruguay se intensificó en las últimas semanas.

Los motivos que se escuchan desde el otro lado del Río de la Plata son variados: aparte de los políticos e ideológicos, los argentinos mencionan el derrumbe económico de su país, las restricciones cambiarias, los cambios impositivos, el default de la deuda, y la incertidumbre sobre cómo se saldrá de la cuarentena y cómo se recuperará la economía pos pandemia, entre otros.

¿Por qué Uruguay? 

La proximidad geográfica y la similitud cultural surgen como algo obvio, pero también las certezas jurídicas que brinda el país, la institucionalidad y el otorgamiento de beneficios fiscales para quienes deciden radicarse.

Sobre esto último, el gobierno prepara una “flexibilización” para obtener la residencia fiscal, al menos en uno de los requisitos que es tener en el país un patrimonio de cierto monto y también planea agilizar los plazos para conseguirla. El patrimonio mínimo en Uruguay para obtener la residencia fiscal está en US$ 1,7 millones y se estudia bajarlo a US$ 500.000.

“El mayor beneficio de Uruguay es su estabilidad. Al final del día todos los países compiten por las inversiones, por ejemplo un inversor del agro (de Argentina) puede elegir venir a Uruguay o ir a Paraguay. Acá no hay un montón de trabas que pueden tener en Argentina y eso lo ven con buenos ojos, y un tema no menor es el beneficio que hay para que vengan los extranjeros”, menciona a el tributarista Fabián Birnbaum.